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LITOTES
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- La atenuación (del latín attenuatio), también denominada litotes, lítotes (del bajo latín litŏtes, y este del griego λιτότης) o litote (del francés litote), y con menos frecuencia extenuación (del latín extenuatio), es una figura retórica, relacionada con la ironía y el eufemismo, mediante la cual se afirma algo, disminuyendo (atenuando) o negando lo contrario de lo que se quiere afirmar o decir: "No poco" = Mucho; "No está bien" = Está mal.
- La atenuación (del latín attenuatio), también denominada litotes, lítotes (del bajo latín litŏtes, y este del griego λιτότης) o litote (del francés litote), y con menos frecuencia extenuación (del latín extenuatio), es una figura retórica, relacionada con la ironía y el eufemismo, mediante la cual se afirma algo, disminuyendo (atenuando) o negando lo contrario de lo que se quiere afirmar o decir: "No poco" = Mucho; "No está bien" = Está mal.
- En vez de fundarse en un ritmo logrado por el número de sílabas o duración del verso, mediante la repetición de determinados patrones de sílabas largas y breves, o bien en la rima o en la aliteración, la métrica hebrea parece haberse fundado en el artificio retórico-estilístico del paralelismo semántico: el verso se construye en el ámbito literario hebreo con dos cláusulas sucesivas (a veces tres) de significado más o menos, similar, de manera que se decía en la segunda (y en la tercera, si era el caso) lo mismo que en la primera pero con palabras distintas o en forma diferente, con otra imagen, comparación o concepto de igual o equivalente significado o una negación de lo contrario (litotes); puede ser, por ejemplo, un concepto abstracto que se ilustra con una imagen visual:.
- Las interrogaciones retóricas, claro, al público, de quien no espera respuesta; los calambures y juegos de palabras, que no son lo mismo y que los dos maneja de lujo; sus litotes o atenuaciones aparentes, para acabar dando más espectacularidad a lo que cuenta; su habitual preterición, o sea, ese simulacro de irse por las ramas para no charlar de lo que acaba charlando por los codos; sus símiles tan asturianos, entre acorde y acorde de guitarra; y, quizá sobre todo, sus expletivos, esas palabras que se emplean para hacer más llena o armoniosa la locución, esos «nomenó», esos «que sí, guapines, non pongáis esi focicu», esos «nunca tal vi», que hacen que la frase concluya cabalmente, con la sonoridad debida.
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